Soy Javier Meléndez

Trabajo como guionista desde 1997. Escribo sobre cómo funcionan las historias y ayudo a escritores y cineastas a desarrollar sus proyectos.

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Esta frase ha hecho mucho daño a la escritura: «Muestra, no cuentes»

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– Actualizado


Dos escenas de cine memorables que demuestran que contar puede ser más poderoso que mostrar

«Muestra, no cuentes» es un manido consejo de escritura que yo mismo defendí en el pasado. También es un consejo terrible: está formulado como un imperativo y no contempla matices. Después de años escribiendo, analizando guiones y manuscritos, me di cuenta de que unas veces conviene contar y otras, mostrar.

¿Cuándo conviene contar y cuándo mostrar?

De entre una decena de posibilidades, escogí dos ejemplos: El padrino y Eyes Wide Shut. La elección se debe a que sus directores, reconocidos por su talento visual, consideraron que, en esas escenas, las palabras tenían más fuerza dramática que las imágenes. Las escenas han sido traducidas de los guiones originales, respetando su puntuación.

El padrino: un hombre cuenta dos dramas

La escena abre con un hombre con el ánimo roto, en un despacho oscuro, cerrado. La negrita es mía, como referencia para posteriores comentarios.

Vemos a AMERIGO BONASERA, un hombre de sesenta años, vestido con un traje negro, a punto de romper a llorar.

BONASERA
Creo en América. América hizo mi fortuna. Crié a mi hija al estilo americano. Le di libertad..., pero le enseñé a no deshonrar nunca a su familia. Encontró un novio..., no era italiano. Iba al cine con él. Volvía tarde a casa. Hace dos meses, él se la llevó a dar una vuelta... con otro amigo. Le hicieron beber whisky... y luego intentaron aprovecharse de ella. Ella se resistió. Defendió su honor. Entonces la golpearon como a un animal. Cuando llegué al hospital..., tenía la nariz rota..., la mandíbula destrozada y sujeta con alambres..., y ni siquiera podía llorar del dolor.

Apenas puede hablar. Ahora llora.

BONASERA
Fui a la policía..., como un buen americano. Detuvieron a aquellos dos muchachos y los llevaron ante un juez. El juez los condenó a tres años de prisión..., pero dejó la condena en suspenso. ¡En suspenso! Salieron en libertad aquel mismo día. Yo me quedé en la sala..., como un imbécil..., y aquellos bastardos... se reían de mí. Entonces le dije a mi mujer: "Si queremos justicia..., tendremos que acudir al Padrino".

El monólogo de Bonasera apenas difiere del de la novela. Pero en la novela, tarda en aparecer porque Mario Puzo dedica parte del primer capítulo al juicio contra los dos agresores de la joven. Si Coppola hubiera trasladado esa parte al cine, habría alargado la película cerca de diez minutos con información redundante. Y el relato de Bonasera habría perdido fuerza. Esto nos da una pista que la película corrobora: entre contar y mostrar, escoge aquello que concentre mayor fuerza. 

En la película, el monólogo de Bonasera tiene un escenario único, lo que concentra la atención, y se desarrolla como un relato trágico lleno de recursos retóricos que le dan cohesión. 

El monólogo de Bonasera contiene dos historias: la caída moral de un hombre y, dentro de esta, la agresión a una joven que no recibe reparación de la justicia.

La caída moral

La caída sigue esta ruta:

Creo en América (declaración de intenciones) → Crié a mi hija al estilo americano (confirmación) →  fui a la policía como un buen americano → ¡condena en suspenso! (incredulidad) → como un imbécil  (impotencia) →  acudir al Padrino (caída)

Esta caída se ve reforzada por palabras que se repiten y dan cohesión al texto como estribillos:

Creo en América – América hizo mi fortuna.

A la americana – como buen americano

Y luego: 

condena en suspenso. – ¡En suspenso!

juez – justicia

Estos recursos retóricos no aparecen en el relato de la agresión a la joven. 

Ahora, detengámonos en un detalle: «Hace dos meses». En ese tiempo han ocurrido la agresión, el juicio y la condena suspendida. La impotencia y la frustración ahogan a Bonasera. Pedir ayuda a Vito Corleone es un acto desesperado. 

Relato de una agresión a una joven

El relato sobre la agresión a la hija sigue esta ruta: 

Mi hija encontró novio → una vuelta con otro muchacho → le hicieron beber whisky → se resistió → la golpearon → la mandíbula destrozada → no podía llorar de dolor.

Bonasera podría haber resumido la historia así: «Dos chicos agredieron a mi hija». Pero eso no sería un relato, sería un resumen. Lo que hace es emplear palabras concretas y verbos fuertes que obligan al público a reconstruir la escena en su imaginación. 

Stanley Kubrick también apuesta por un escenario único, pequeño, para una de las escenas más dramáticas de Eyes Wide Shut. 

Eyes Wide Shut: una mujer recuerda

Alice (Nicole Kidman) y Bill (Tom Cruise) fuman porros en el dormitorio. Ella le pregunta qué ocurrió con las dos modelos con las que coqueteaba durante la fiesta. Él le pregunta por el hombre con el que ella bailaba. Él solo se paseó y ella solo bailó. Hablan de los celos. Bill sostiene que los hombres desean a otras mujeres, pero que las mujeres no funcionan de la misma manera.  Está convencido de que Alice nunca le sería infiel porque es su esposa y la madre de su hija. Alice se ríe a carcajadas de esa seguridad. A continuación, ella recuerda un verano no lejano…

ALICE
¿Te acuerdas del verano pasado en Cape Cod? ¿Recuerdas una noche, en el comedor...? Había un joven oficial de la Marina sentado cerca de nuestra mesa con otros dos oficiales.

BILL
No.

ALICE
El camarero le llevó un recado y entonces se marchó. ¿No te suena de nada? Bueno... Lo vi por primera vez aquella mañana, en el vestíbulo. Estaba registrándose en el hotel y seguía al botones con su equipaje hacia el ascensor. Al pasar, me miró. Solo una mirada. Nada más. Pero yo apenas podía moverme. Aquella tarde, Helena se fue al cine con una amiga y tú y yo hicimos el amor. Hicimos planes para nuestro futuro y hablamos de Helena. Y, sin embargo, él no salió de mi cabeza ni un solo instante. Pensé que, si él me deseaba, aunque solo fuera por una noche, estaba dispuesta a renunciar a todo. A ti. A Helena. A todo mi maldito futuro. A todo. Y, sin embargo, era extraño, porque al mismo tiempo te quería más que nunca. Y en aquel momento, mi amor por ti era a la vez tierno y triste.

Kubrick podría haber ilustrado el monólogo mostrando al joven oficial de marina. Al no hacerlo, acierta por dos motivos.

Por qué no vemos al oficial de marina

Kubrick nos mantiene en el dormitorio y, al no salir de la habitación, nos convierte en testigos de una confesión. Si la cámara hubiera abandonado el dormitorio para mostrar el recuerdo, habría roto la continuidad de la escena y, con ella, la intensidad de la confesión.

Por otra parte, al no mostrar Kubrick al oficial, reduce la posibilidad de que el público piense que el oficial «no es para tanto» o que «Tom Cruise está mejor». Ocurre algo parecido cuando unos padres comentan con entusiasmo en WhatsApp cómo es su bebé recién nacido. Días más tarde, cuando nos presentan al bebé, esperan que digamos «qué guapo». Sin embargo, muchos respondemos con un «qué grande es». El bebé real rara vez coincide con el que habíamos imaginado a partir de sus palabras. Del mismo modo, Kubrick deja que cada persona imagine al oficial de Marina. 

Alice podría haber dicho simplemente:

«Había un joven oficial de la Marina cerca de nuestra mesa. Me hubiera gustado acostarme con él».

Y esto quizá hubiera quedado como una provocación porque Bill había tonteado con las dos modelos en la fiesta. Pero el monólogo desarrolla un relato con detalles concretos y culmina con una convicción: lo hubiera abandonado todo, todo por una noche. 

El monólogo progresa de manera dramática más que cronológica. Contiene un pequeño relato dentro de otro relato y cada frase aumenta la intensidad de la anterior. 

¿Recuerdas a ese oficial?  (Apela a la memoria de Bill) → Lo vi por primera vez aquella mañana  (un salto al pasado dentro del pasado) → Me miró → Apenas podía moverme → Tú y yo hicimos el amor → Él no salía de mi cabeza → Estaba dispuesta a renunciar a todo.

Hay dos fragmentos en los que debemos reparar: 

Me miró. Solo una mirada. Nada más.

Un puñado de palabras más elocuente que un plano de Alice mirando al oficial. Sería un plano confuso. ¿Espera a ser atendida en recepción?

¿Espera a su marido?

Me miró. Solo una mirada. Nada más.

Tres golpes que nos colocan en el instante en que ocurrieron los hechos. 

Una forma de construir frases que reaparece cuando ella enumera todo a lo que habría renunciado: 

Renunciar a todo → A ti → A Helena → A todo mi maldito futuro → A todo.

«Todo» es una palabra contundente. Su repetición funciona como un estribillo que golpea una y otra vez a Bill. Kafka escribió que un libro debe ser como un hachazo. En el monólogo, la misma palabra, repetida una y otra vez, cae sobre Bill como un hacha.

Esto es curioso. Escenas más tarde, Kubrick sí muestra al oficial, pero no como el recuerdo de Alice. El director expresa los celos de Bill mediante brevísimos destellos de Alice haciendo el amor con el oficial. Ahora sí conviene mostrar. La imagen de Bill torturado por su imaginación tiene más fuerza que escucharle decir que siente celos de una fantasía de su esposa.

Los monólogos de Bonasera y Alice son dos ejemplos de cómo contar puede tener más fuerza que mostrar. Contar no es resumir. Bonasera no dice: «Agredieron a mi hija». Alice no dice: «Deseé a otro hombre». Ambos construyen sus relatos con pequeños hechos, detalles concretos, palabras concretas y verbos fuertes. Así consiguen que el público vea y sienta cada momento en su imaginación. Como dijimos al principio, entre contar y mostrar, escoge siempre la opción que concentre mayor fuerza dramática.

Este mismo principio reaparece en el relato del escuadrón devorado por tiburones en Tiburón; en la confesión de Clarice Starling a Hannibal Lecter; en la historia del reloj escondido en el culo en Pulp Fiction; en el coronel explicando por qué le gusta el olor del napalm por la mañana; en Rutger Hauer diciendo: «He visto cosas que vosotros no creeríais…»


Si te ha gustado este artículo, próximamente publicaré un curso de diálogos con ejercicios basado en errores reales encontrados en guiones y manuscritos.


La solución elegante
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