La reacción ante la muerte ajena

Es complicado escribir la reacción de un personaje ante la muerte de otro. Está el riesgo de caer en la teatralidad, aunque en la vida misma parezca darse.

La realidad no siempre es real en el papel

Hace unos años acompañaba a mi esposa al entierro de una tía suya en el cementerio San Fernando de Sevilla. Esperamos en patio a la entrega de la urna con los restos de la cremación. Escuchamos los gritos de una mujer:

«Llevadme a mí, no llevarse a él».

Miramos sorprendidos. Dos hombres retenían a una mujer de luto que pretendía lanzarse sobre un ataúd que cuatro hombres transportaban con barras a un nicho o tumba. La mujer movía los brazos en el aire para zafarse de quienes la retenían. En el rostro de ella solo había una boca inmensa. Finalmente, ella escapó, se lanzó sobre el ataúd y dando puñetazos en la madera gritó dos o tres veces:

«Llevadme a mí, no llevarse a él».

Los dos hombres la apartaron del ataúd, la sujetaron con más fuerza y ella se desmayó hacia atrás dejando los brazos colgando.

Días después, uno de los asistentes al entierro de la tía de mi esposa mi esposa recordó a aquella mujer: «Cuánto teatro». Otra persona dijo: «Aparentar».

Más tarde recordé que no es raro toparse con escenas similares en el cementerio de Sevilla. Luego medité que cada persona expresa el dolor a su manera. Igual aquella mujer no hacía teatro, sino que los gritos y brazadas eran propios de su naturaleza. Pero qué difícil sería trasladar su dolor a la pantalla. Si aquella reacción ante la muerte parecía falsa en la vida real… en el papel quedaría remarcada la teatralidad.

El dolor no debería ser un cliché

Lo cierto es que no es raro encontrar en la ficción descuidada o con prisas a un padre o una madre llorando la muerte de su hija así: gritando mientras camina por la habitación, tirando muebles y finalmente deslizando la espalda por la pared.

El problema es que los gritos, los muebles por el suelo y la espalda por la pared se han convertido en clichés. El origen de estos clichés puede deberse a que los guionistas han interpretado mal el concepto de «acción-reacción». (Por supuesto que los directores y los productores tienen su opinión, pero hablamos de escritura de guion y no de cómo lo refleja la pantalla).

Por esto no es raro que grandes guionistas eludan la reacción inmediata de una madre ante la muerte del hijo y prefieran mostrar el drama que sigue. Es lo que proponen Robert Festinger y Todd Field en la película En la habitación.

En la habitación

Rob Festinger y Todd Field escriben en el guion de En la habitación (2001) cómo un hombre comunica a su esposa que el hijo de ambos ha sido asesinado.

No conocemos la reacción del padre tras saber de la muerte del hijo. Nos quedamos con su gesto serio de quien empieza a recibir una mala noticia. Tras la llamada telefónica vemos al padre caminando con pesadez hacia el aula en el que su esposa imparte clase.

La reacción ante la muerte ajena, La solución elegante
El padre espera que su esposa termine la clase de música.
La reacción ante la muerte ajena, La solución elegante
La madre destrozada en el funeral.

Rob Festinger y Todd Field han creado una bella elipsis sobre la reacción del padre y la reacción de la madre. (Más sobre escritura de elipsis: Cómo crear elipsis).

¿Es necesario mostrar como la madre recibe la noticia? Es la mera transmisión de una noticia triste y dolorosa, pero que hemos visto un millón de veces en las películas y en series con interpretaciones excesivas.

¿Hubiera sido un error mostrar la escena de la noticia a la madre? A efectos narrativos no, en absoluto, pero hubiera roto el estilo austero de En la habitación que hace que los silencios importen más que las palabras.

Mad Men (El umbral, 2 parte, 6×02)

La realidad nos revela a la ACCIÓN no le sigue de manera inmediata una REACCIÓN. Matthew Weiner lo muestra con la muerte de la madre de Roger Sterling en el episodio 6×02 de Mad Men.

Roger Sterling asegura a lo largo del episodio que no siente nada con la muerte de su madre —a la que quiso profundamente—. En el velatorio se muestra sereno e incluso se permite bromear. Más tarde llora cuando ve los útiles de trabajo del limpiabotas habitual y que también murió. ¿Acaso Sterling quería más al hombre que le limpiaba los zapatos que a su madre?

La reacción ante la muerte ajena, La solución elegante
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La reacción ante la muerte ajena, La solución elegante

Sterling llora al ver los útiles de limpieza porque la muerte del limpiabotas le hace recordar de que la vida sin su madre no será la misma. Sterling puede contratar los servicios de otro hombre. Madre sólo hay una. La única mujer que realmente amó y entendió a Sterling ya no estará.

La fuerza de la escena en Mad Men se debe a que muchas personas se reconocen o identifican en otros la manera en que Sterling reacciona.

Quiénes tenemos unos años y recibimos cada año más noticias de fallecimiento de familiares y amigos sabemos que muchas veces, la reacción ante la muerte de un ser querido puede llegar días más tarde o incluso semanas. En el momento menos esperado llega un ataque de llanto o pesadillas en las que nos sentimos desvalidos.

La reacción ante la muerte ajena, La solución elegante

(Más sobre Weiner: Cómo escribir una escena dramática en evolución).

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