Cómo escribir historias como La dimensión desconocida y Black Mirror

Rod Serling: El papel del escritor es amenazar la conciencia del público.

Índice

    Por qué el cine ya no nos habla (3 de 4)

    —Tú dijiste —dijo Mo, mi mujer—: si tu serie favorita acaba, escribe nuevas historias que te gustaría ver.

    —Sí, verdad, lo escribí —respondí—. Eso funciona.

    —Pues ya sabes —me respondió.

    Y allí acabó lo que empezó con mi propuesta de ver por tercera o cuarta vez La dimensión desconocida, la auténtica, la original en blanco y negro con la voz del actor mexicano José Manuel Rosano doblando a Rod Serling. (Hubo un tiempo en España en el que no teníamos reparos en escuchar series estadounidenses dobladas en México).

    No le falta razón a mi mujer o a mí o quién sabe. Lo cierto es que ella sabe que siempre he querido ser como Rod Serling: crear una serie y presentar cada capítulo.

    Serling escribió la mayoría de las historias, y tuvo como colaboradores a escritores populares como Richard Matheson (Soy leyenda) o Robert Bloch (Psicosis), y guionistas imaginativos como Harlan Ellison, que inspiró Terminator a James Cameron.

    (No es cine. Pero las historias son las historias y se hacen con los mismo material que los sueños).

    El propósito de Serling

    «El papel del escritor es amenazar la conciencia del público» — Rod Serling

    No es casual que usara la palabra «amenazar». Serling entendía que el buen entretenimiento no tranquiliza: inquieta.

    Mientras la televisión de los 50 vendía optimismo y coches brillantes, Serling alertaba sobre los peligros que nadie quería ver: el conformismo, la tecnología descontrolada, el fascismo disfrazado de respetabilidad. Serling hizo de la televisión un espejo incómodo.

    ¿Su truco? No predicaba. Serling envolvía sus mensajes en historias tan extrañas que la gente bajaba la guardia.

    Un truco que funcionó en los 50 y sigue funcionando hoy (ahí está Black Mirror).

    ¿Cómo se escriben historias a la manera de La dimensión desconocida o Black Mirror?

    «Si algo te preocupa, te indigna, te apena o te asusta del mundo actual, ahí tienes tu próxima historia» — Rod Serling

    A Serling le preocupaba el auge del fascismo en Estados Unidos y la pérdida de individualidad; le apenaba la desconexión emocional entre las personas, la crueldad de la vida diaria, el olvido de los veteranos de guerra; le asustaba la guerra nuclear, y le indignaba el racismo.

    No tenía que devanarse los sesos para crear las ideas para historias. Nacían de los titulares de periódico, de conversaciones de bar, de miedos nocturnos.

    Como ves, las fuentes de las historias son corrientes. Y corrientes son también los protagonistas de las historias. Serling quería que el público se viera reflejado en los personajes.

    «Pienso en la audiencia como personas sin nombre, sin forma y sin rostro que son como yo. Y cualquier cosa que escriba, si me gusta, les gustará» —Rod Serling

    Así que no tienes que inventar argumentos extraños. Recuerda: la historia está en lo que te preocupa, te indigna, te apena o te asusta del mundo actual.

    A mí, por ejemplo:

    Me preocupa la exaltación de la estupidez; la polarización política en las calles y en las familias; las personas que no piensan: se limitan a ser altavoces de las consignas de otros; las personas que se niegan a ver los matices de la realidad: conmigo o contra mí.

    Me indignan las cacerías de inmigrantes; los niños muertos en Gaza; las persecuciones de cristianos en África; las mujeres asesinadas que en vida fueron ignoradas por el sistema.

    Me apena que el siglo XXI no es brillante sino chato: nada nuevo aparte de cachivaches electrónicos; la gente enganchada al móvil que pregunta «¿hoy lloverá?»; millones de dólares por un plátano pegado con cinta americana; las personas que disfrutan con la tortura a un toro; la violencia cotidiana de la «gente normal» al volante.

    Me asustan los adolescentes cantando himnos fascistas que no entienden; los fanáticos de la política, la religión o el deporte.

    Después de esta lista, conviene preguntarse: ¿Y si todo esto que me asquea o perturba fuera a más? Y también: ¿Cómo doy forma a mis inquietudes?

    Estrategias narrativas de Serling

    Serling y sus guionistas usaban distintos recursos narrativos:

    • La inversión de poder
    • La exageración
    • Tomar de la propia medicina
    • Los deseos cumplidos
    • La desolación

    No es raro que tu historia pida el recurso adecuado.

    «Despego y escribo por una sensación de compulsión desesperada», dijo Serling.

    Otras veces, solo tenemos la vaga intención de usar un personaje o comentar una situación, pero la forma se resiste. En este caso, conviene repasar las estrategias empleadas por Serling y su equipo de guionistas.

    La inversión de poder

    Uno de los recursos favoritos de Serling era darle la vuelta a las situaciones. El verdugo se convierte en víctima, el poderoso en indefenso, los pacíficos en violentos.

    En The Monsters Are Due on Maple Street, los respetables vecinos de clase media de una urbanización de vallas blancas se convierten en una turba paranoica y violenta. El enemigo no viene del espacio: está en el espejo. Eres tú.

    Los monstruos viven en Mapple Street. Imagen: CBS

    Ejemplo de cómo aplicarlo:

    El xenófobo líder de un partido político despierta en el barco de una ONG que rescata inmigrantes en el Mediterráneo, pero nadie lo reconoce.

    El líder protesta: «Soy español, una persona de bien…», pero nadie entiende su farfullar. Solo él entiende sus palabras y ve su piel blanca. Al mirarse en un espejo descubre que es negro.

    La exageración

    Un temor u obsesión puede derivar en la exageración. El miedo a ver la casa vulnerada puede llevar a poner una cámara en cada rincón de la casa, en la alacena, en el frigorífico, la caja de galletas.

    Una situación excepcional o una costumbre o manera de pensar extendida en la sociedad se convierte en una ley escrita o no.

    Ejemplo de cómo aplicarlo:

    No exponerse en las redes es raro.

    En el futuro, la vida privada está prohibida. Los gobiernos subvencionan a las personas para que sean protagonistas de su propio docu-drama las 24 horas. Mostrarse feliz es opcional, pero concede privilegios: mejor vivienda, acceso prioritario a sanidad, pensión mayor.

    La privacidad se considera sospechosa, criminal. Solo los terroristas tienen secretos.

    Tomar de la propia medicina

    Estas historias están protagonizadas por personajes egoístas, sin ética, que hacen daño por dinero o poder, y reciben como premio su propia medicina.

    Ejemplo de cómo aplicarlo:

    Un artista contemporáneo humilla en las redes a una limpiadora que arrojó su «obra» a la basura porque creyó que eran desechos del público, y consigue que la despidan.

    Cuando el artista regresa a su casa, descubre que todo está destrozado: muebles rotos, basura por el suelo, paredes medio derruidas. «¿Qué ha pasado?», pregunta aterrado. Quiere saber dónde fueron sus muebles, obras de arte, el cuarto de baño de fantasía.

    Su familia, con ropa rota y sucia, no entiende nada. «¿De qué hablas? Siempre hemos vivido así», dice la mujer.

    CDN media
    Luther Adler en La dimensión desconocida – El hombre en la botella (1959)

    Los deseos cumplidos

    Serling adoraba las historias de «ten cuidado con lo que deseas». Un hombre que quiere tiempo para leer, sobrevive a una guerra nuclear, pero se rompen sus gafas. Un hombre desea ser un líder poderoso e indiscutible, y el diablo lo convierte en Hitler en sus últimos días.

    El mensaje siempre era el mismo: nuestros deseos nos revelan nuestras debilidades.

    Un demonio, un genio o simplemente el universo les concede su deseo… que malgastan o no es como esperaban.

    Ejemplo de cómo aplicarlo:

    Una influencer de extrema derecha famosa por comenzar sus vídeos con «Soy una mujer, no debería estar haciendo esto» y «¡hombres, protegednos!», baja en ascensor a sacar dinero.

    El cajero electrónico no existe.

    Cuando entra en la sucursal, todos la miran. Las mujeres llevan trajes de chaqueta oscuros, faldas por debajo de la rodilla. Los hombres, corbata. El hombre tras la caja le dice que ella no tiene cuenta y que para abrir una necesita la autorización de su esposo o padre.

    La influencer protesta. Cree que se trata de una broma de cámara oculta. Sin documentos válidos, sin nadie que responda por ella, dos policías de gris con águilas negras como emblema la conducen a un manicomio con el diagnóstico de «inferioridad mental».

    La desolación

    «Podemos alimentarnos con concentrados, tenemos máquinas para bombear oxígeno y desechar material, pero hay una cosa que no podemos simular. Una necesidad muy básica. Tenemos hambre de compañía. La soledad es algo que la tecnología no ha resuelto». — Rod Serling

    Con frecuencia los personajes de Serling caminan por mundos desolados o no consiguen comunicarse con los demás. A poco que estés atento a las personas, verás en su rostro el miedo a la soledad. Tu miedo.

    Ejemplo de cómo aplicarlo:

    Una madre y una hija que viven en la misma casa solo se comunican por mensajería instantánea. Cuando la red eléctrica cae y será para siempre, se tratan como extrañas. No saben qué decirse ni como. Han olvidado cómo se habla sin emojis.

    Tenemos las historias. Tenemos las estrategias. Pero aún nos falta algo: ¿cómo se arranca? ¿Cómo comienza una historia de este tipo? ¿Y cómo se termina?

    El momento en que comienzan las historias

    Muchas historias comienzan de noche en el lugar de trabajo del protagonista, poco antes de marcharse a casa, durante un paseo o durante un viaje… Trasladarse a otro lugar propicia el paso de la dimensión real a la dimensión de la fantasía.

    No expliques cómo funciona la fantasía

    Hay una audiencia que quiere lógica en la fantasía: saber a qué velocidad corre un zombi, cuántos kilómetros recorre un dragón en 12 horas, por qué el viaje en el tiempo no crea paradojas.

    Ese no es tu público.

    El público de La dimensión desconocida no quiere lógica. Quiere emociones sin reparar en la mecánica de la fantasía. No le importa cómo funciona el viaje en el tiempo o cómo al cambio de habitación el mundo es distinto para tu personaje. Le importa qué hace el personaje en ese nuevo mundo, cómo lo sufre o lo desea.

    Ni Serling ni sus guionistas perdían tiempo explicando la mecánica de sus universos fantásticos.

    La fantasía es el vehículo, no el destino.

    Agota las posibilidades

    No basta con plantear la situación fantástica. La fantasía por sí sola no sostiene una historia. Tienes que explorar el drama o el horror de la situación, con detalle, y llevar la historia hasta sus últimas consecuencias.

    Retomemos la historia de la madre y la hija incapaces de hablar tras un apagón eléctrico que dura días.

    • La hija intenta hablar. La madre no sabe cómo empezar una conversación.
    • Antes cenaban por separado. Ahora juntas. Intercambias frases simples como «pásame la salsa» o «¿me pasas el agua?» La hija pregunta qué pasará. La madre dice que no sabe. Siguen cenando en silencio.
    • La madre busca cada día cómo conseguir comida o acceder a ayudas públicas. Su trabajo como operaria de call center no existe. La hija ha dejado de ir a clase. Duerme o garabatea dibujos todo el día. Por la noche, sin mirarse a los ojos, la madre comenta su día con agotamiento físico y mental. Como un robot. La hija no sabe qué decir.
    • Cuando se confirma que la situación parece irreversible, la hija grita y llora: no tiene amigos cercanos, no tiene futuro, no tiene los videojuegos. La madre no sabe cómo responder. Antes hubiera puesto un emoji con lágrima.
    • Al final, la hija intenta escribir una nota en papel. «Te quiero, mamá». Pero la madre no sabe si es sincero o sarcástico. Le falta el tono, el emoji, el contexto.

    Cada intento fracasado aumenta la desesperación. Cada escena explora una nueva faceta del horror: han perdido el lenguaje de la cercanía.

    Donna Douglas en La dimensión desconocida — Eye of the Beholder. Imagen: CBS.

    Lo familiar vuelto extraño

    A Serling le gustaba tomar elementos cotidianos y retorcerlos ligeramente. No inventaba monstruos del espacio exterior. Convertía en monstruos las cosas que ya teníamos en casa:

    • Un muñeco que habla
    • Una máquina expendedora que predice el futuro
    • Un espejo que muestra tu verdadero rostro
    • Una casa que no te deja salir

    Serling sabía que lo más aterrador no es lo desconocido, sino lo conocido que se comporta de forma inesperada. Y qué más terrorífico que el monstruo seas tú mismo.

    Un cierre con mensaje pero sin sermón

    Serling cerraba las historias con una narración breve que subrayaba la moraleja, pero no la explicaba. El mensaje siempre estaba en las imágenes finales de la historia.

    Ejemplo:

    El xenófobo que quería hundir un barco de rescate no dice: «Ahora entiendo que el racismo está mal». Termina con una imagen: mirándose al espejo y descubriendo que su rostro ya no es el mismo. Se ha convertido en aquello que odiaba.

    La imagen dice todo. El diálogo sobra.

    Acabando

    Después de este repaso, me propongo desarrollar uno de estos argumentos. Pero no se lo comentaré a mi mujer. Porque me dirá lo mismo que al principio: «Pues ya sabes».

    Y sí, ya sé.

    Serling no esperó a que alguien escribiera sobre el fascismo, la estupidez colectiva o la soledad. Se puso a escribir sobre ello.

    Los miedos de nuestro tiempo están ahí fuera esperando que alguien les dé forma.

    Solo necesitas reparar en lo que te preocupa, te indigna, te apena o te asusta del mundo actual.

    Ahora te toca a ti.

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