Soy Javier Meléndez

Trabajo como guionista desde 1997. Escribo sobre cómo funcionan las historias y ayudo a escritores y cineastas a desarrollar sus proyectos.

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Cómo escribir una carta de intenciones para el ICAA y otras convocatorias

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– Actualizado

No conozco ninguna plantilla para escribir una carta de intenciones. Creo que no hay ninguna. Pero he ayudado a refinar cartas de intenciones de guionistas y productoras. Me he guiado por un objetivo: que el texto revele la película que el autor tiene en la cabeza. Esto se consigue con un lenguaje claro y una estructura emocional.

Lenguaje claro

Cuantas más palabras uses, menos posibilidades tienes de ser comprendido […] Hay que usar pocas palabras abstractas; más palabras como mesa, nube y cama, y menos palabras como sublime o exteriorización.

Georges Simenon

Soy un entusiasta de la cita de Simeno. La he repetido en cinco o seis artículos. En una carta de intenciones, supone cuestionar frases como la siguiente:

Quiero explorar la identidad femenina contemporánea en un contexto de transformación emocional.

La frase de arriba oculta la historia más que mostrarla. Observa la siguiente:

Conozco a mujeres que dedicaron años al cuidado de padres, maridos e hijos y que, tras un divorcio o quedar viudas, decidieron cuidarse a sí mismas.

El texto sobre estas líneas expone una observación, no una tesis. Es una frase que pone cómodo a los lectores de guion porque no obliga a traducir palabras abstractas.

Ahora bien, una memoria no solo ayuda a la propuesta cuando se sustituye lo abstracto por lo concreto. Necesita cierto orden expositivo.

La estructura emocional

Por estructura emocional me refiero a que el contenido debe resaltar lo humano de la historia sobre los datos, el lenguaje comercial o las referencias sociológicas, políticas o culturales.

Sabemos que el jurado del ICAA evaluará, además de «una declaración de intenciones del autor o autora», lo siguiente: «una reflexión sobre su interés dentro del contexto audiovisual actual».

¿Significa que «la reflexión» debe contener un lenguaje oscuro o abstracto? Realmente, no.

La asociación de guionistas ALMA comentó en su guía de 2025 para presentar guiones al ICAA lo siguiente sobre la memoria y la reflexión:

Es decir, un breve escrito en el que debes contar por qué quieres escribir este guión y por qué se rodará con él una buena película.

Observo en las memorias que me llegan que con frecuencia el orden se invierte. Se comienza por lo que, en principio, podría ser interesante para una supuesta audiencia mediante fórmulas como:

  • «Vivimos en una sociedad en la que cada vez más…»
  • «Hoy más que nunca es necesario que las personas y las instituciones…»
  • «En el contexto actual…»

Como analista de memorias, el orden que más me ha interesado suele ser este:

  1. Anécdota personal.
  2. Observación de la vida.
  3. Aquí hay una idea para una historia.
  4. Por qué puede ser una buena historia.
  5. La película que veo en mi cabeza.

Con menos frecuencia conecto con estructuras como esta:

  1. Datos.
  2. Tesis sobre los datos.
  3. Aquí hay una idea para una historia.
  4. Por qué puede ser una buena historia.
  5. La película que veo en mi cabeza.

La primera estructura nos introduce en la historia desde el inicio.

Una de las memorias favoritas que he leído comenzaba con la expectativa de una cita que acabó fracasando. Cada línea me hacía preguntarme: «¿Cómo acabará esto?». Tras la anécdota de cuatro o cinco líneas, la autora planteó: «¿Qué pasaría si los hombres…?»

Con esto no sugiero que todas las memorias deban seguir el mismo esquema. Puedes comenzar con un dato si es inesperado, inquietante o desconcertante.

Este dato ni inquieta ni desconcierta:

3 de cada 10 adolescentes son adictos a las redes sociales, pero solo 1 de cada 2o lo considera un problema.

Es un dato útil para padres y educadores, pero dudo que el dato intrigue o emocione.

Este dato sí inquieta:

3 de cada 10 adolescentes desean someterse a cirugía estética influenciados por las redes. A esto se le llama «dismorfia del selfie». Jon es uno de ellos.

En cualquier caso, lo importante es que comiences justo con aquello que realmente te ha impulsado a escribir la historia: la anécdota o la observación, un hecho histórico, u el dato llamativo o una cita célebre.

Peligros a evitar

Frases gastadas

No es raro que nuestras reflexiones acaben sintetizadas en un cliché. Los clichés son cómodos. Y justo porque son cómodos, miles de memorias contienen frases como estas:

  • «Quiero generar reflexión en el espectador».

La sinopsis y el tratamiento deben invitar a la reflexión por sí solas.

  • «Esta historia busca dar visibilidad a una realidad poco conocida».

Puesto que se premia la originalidad de la propuesta, no mates tu historia con esta frase manoseada.

  • «La película habla de la importancia de la empatía».

La sinopsis y el tratamiento ya deberían dejar claro lo que te parece importante, en este caso, la empatía.

  • «Esta historia habla de la condición humana».

¿Acaso alguna no?

  • «Esta es una historia que importa».

Deberías considerar que todas las historias importan. Una historia tonta, pero vibrante, como decía Truffaut, provoca emociones en el público. Emociones que igual necesita experimentar una persona en ese momento. Entonces, esa película tonta es importante.

  • «Ojalá el espectador salga del cine con menos certezas de las que tenía al entrar».

Es una bonita intención, pero por sí sola no nos dice gran cosa sobre la historia.

Aunque la frase más desgastada es:

  • «El cine tiene la capacidad de…»

Y sus variantes:

  • «El cine debería ser…»
  • «El cine nos puede acercar a…»

Estas frases aparecen en tantas memorias que realmente dicen poco de la historia que se presenta. Lo que importa no es la naturaleza del cine, sino lo que tú quieres o lo que tú buscas con tu historia.

Siempre que escribas una frase sobre lo que «el cine puede hacer», pregúntate si sería más interesante sustituirla por una frase sobre lo que quieres hacer tú con esta película.

Desviarse

No es raro que en un guion compitan varias ideas, pero en una carta de intenciones de una página conviene centrarse en la idea que dominará a las demás.

Pregúntate si cada frase aporta una observación nueva, una emoción nueva o una pregunta nueva que apoye la historia, no que la disperse. Si no lo hace, quizá deba desaparecer.

Duplicación

No es raro encontrar en algunas cartas de intenciones argumentos o ideas repetidas separadas por dos o tres párrafos. Supongo que la memoria es lo último que se redacta… y con frecuencia con prisas.

Comentarios que no añaden nada

Si una situación transmite sorpresa, incertidumbre o emoción, quizás no necesitas añadir: «Aquello me sorprendió» o «Me emocionó descubrir que». Deja que los lectores se sorprendan o emocionen con la observación o la situación que describas, no porque tú te sorprendiste en su momento.

Lo que sí quieres contar

Otro problema frecuente es dedicar demasiado espacio a explicar lo que la película no es. Así que piensa si necesitas esto:

  • «No quiero hacer una película sobre…»
  • «No pretendo hablar de…»
  • «No busco contar…»

Recuerda que con frecuencia solo tienes una página para comentar tu propuesta. Estás ocultando tu historia si empleas tres o cuatro frases explicando lo que no quieres hacer y solo una comentando lo que sí quieres escribir.

Sí está bien diferenciar con pocas palabras tu propuesta dentro de un género. Por ejemplo:

No quiero contar una historia de terror sobre lo que ocultan las sombras. Mi historia habla de cuando no hay nada, ni siquiera sombra.

Rod Serling trabajando en su máquina de escribir

La película que tienes en tu cabeza

Los guionistas somos actores que representamos los textos en el escenario de la bóveda del cráneo.

Rod Serling

Sin embargo, rara vez esa película asoma con detalle en el documento de Word o PDF.

Mostramos los diálogos y las acciones básicas del personaje: entra, abre el frigorífico, mira por la ventana…

Esto no significa que debamos incluir tiros de cámara o indicaciones técnicas. Puede ser interesante un comentario sobre la atmósfera, una referencia a qué detalles se destacarán. Frases como:

  • «Me interesan más los silencios que los discursos».
  • «La historia avanza a través de repeticiones y variaciones».

Un correo a un amigo

Quizás la mejor táctica para escribir una carta de intenciones sea considerar que no es un trámite burocrático, sino un correo electrónico donde cuentas tu idea para un guion a ese amigo o amiga que sabes que te dará una respuesta sincera. O a esa persona con la que quieres volver a escribir un guion.

No le hablas de macroeconomía, política o sociedad. Le hablas de una inquietud y de cómo quieres que esa inquietud se convierta en una historia.

No le cuentas únicamente de qué trata el guion. Le cuentas qué has observado, por qué no consigues quitártelo de la cabeza y qué película imaginas a partir de ello.

Un posible modelo de carta de intenciones

Sin intención de dictar una ley, propongo un modelo —creado para la ocasión— partiendo de estructuras observadas en memorias de autores y autoras a los que he ayudado.

Esto es imporCARTA DE INTENCIONES

  1. Anécdota personal u observación de la vida [recuerda eliminar este título de la carta]

La primera vez que vi a mi madre viajar sola tenía 66 años. Se iba cuatro días a Benidorm con dos amigas. La víspera del viaje caminaba por la casa como una adolescente antes de su primera cita. Comprobó tres veces la documentación, llamó dos veces al hotel, y cinco o seis veces a las amigas, tan nerviosas como ella.

  1. Observación [recuerda eliminar este título de la carta]

Me percaté que mi madre y sus amigas habían dedicado gran parte de su vida a cuidar a sus padres, maridos, hijos, nietos. Y que ahora procuraban cuidarse a sí mismas.

  1. Aquí hay una idea para una historia [recuerda eliminar este título de la carta]

También me di cuenta de que estas mujeres, imprescindibles para sus familias, rara vez eran protagonistas de las historias que contamos. Suelen aparecer como rivales: la madre cargante, la suegra metomentodo o la abuela que hace gracia porque no está al día.

  1. Por qué puede ser una buena historia [recuerda eliminar este título de la carta]

Por eso quiero mostrarlas en toda su complejidad. Con sus contradicciones, sus errores y sus deseos. Quiero hablar de ese momento en el que estas mujeres descubren que la vida que les queda por delante puede ser tan desconcertante como la que ya han vivido. Del entusiasmo y el miedo que acompañan a los comienzos tardíos. De la culpa que aparece cuando alguien decide pensar en sí mismo después de décadas pensando en los demás.

  1. La película que veo en mi cabeza [recuerda eliminar este título de la carta]

También quiero que la forma de la película acompañe esa mirada. Me interesan más los pequeños gestos que los grandes discursos. Las conversaciones interrumpidas. Los silencios incómodos con los hijos. Los momentos en los que alguien parece no hacer nada y, sin embargo, está cambiando por dentro.

Importante: los títulos que coloco en la carta de intenciones solo sirven como orientación y no deben incluirse en la versión final.

CARTA DE INTENCIONES

Anécdota personal u observación de la vida [recuerda eliminar este título de la carta]

La primera vez que vi a mi madre viajar sola tenía 66 años. Se iba cuatro días a Benidorm con dos amigas. La víspera del viaje caminaba por la casa como una adolescente antes de su primera cita. Comprobó tres veces la documentación, llamó dos veces al hotel, y cinco o seis veces a las amigas, tan nerviosas como ella.

Observación [recuerda eliminar este título de la carta]

Me percaté que mi madre y sus amigas habían dedicado gran parte de su vida a cuidar a sus padres, maridos, hijos, nietos. Y que ahora procuraban cuidarse a sí mismas.

Aquí hay una idea para una historia [recuerda eliminar este título de la carta]

También me di cuenta de que estas mujeres, imprescindibles para sus familias, rara vez eran protagonistas de las historias que contamos. Suelen aparecer como rivales: la madre cargante, la suegra metomentodo o la abuela que hace gracia porque no está al día.

Por qué puede ser una buena historia [recuerda eliminar este título de la carta]

Por eso quiero mostrarlas en toda su complejidad. Con sus contradicciones, sus errores y sus deseos. Quiero hablar de ese momento en el que estas mujeres descubren que la vida que les queda por delante puede ser tan desconcertante como la que ya han vivido. Del entusiasmo y el miedo que acompañan a los comienzos tardíos. De la culpa que aparece cuando alguien decide pensar en sí mismo después de décadas pensando en los demás.

La película que veo en mi cabeza [recuerda eliminar este título de la carta]

También quiero que la forma de la película acompañe esa mirada. Me interesan más los pequeños gestos que los grandes discursos. Las conversaciones interrumpidas. Los silencios incómodos con los hijos. Los momentos en los que alguien parece no hacer nada y, sin embargo, está cambiando por dentro.

Si después de leer una memoria siento que conozco mejor a la persona que quiere escribir la película y empiezo a imaginar la película que tiene en la cabeza, la memoria suele funcionar.


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