Llevar de la mano al público. No porque el público sea un niño sino porque lo amamos. Es la idea que nos sugiere el corto Out of sight (Fuera de vista) donde una niña ciega descubre el mundo a medida que toca, huele y oye lo que la circunda.

Nosotros los artistas somos comenzamos ciegos como la niña. Al comenzar no vislumbramos el final. Con paciencia abrimos el camino palabra a palabra. Cada palabra es un toque de varita mágica que revela un nuevo elemento.

Cuando el guión está acabado, el proceso recomienza: somos ciegos que estamos guiando a otros ciegos: el productor, la directora, los actores, el público se adentran en el mundo de nuestra mano.

El público no ve más mundo que el enmarcado. El resto del mundo aparece a medida que los personajes hablan y se mueven.

El público recrea de manera pasiva el proceso que nosotros hemos vivido de manera creadora. El espectador confía en nosotros. Quiere sorpresas: que una bola que cae al suelo se convierta en un gato pero no acepta estafas.

El público quiere ciertas certidumbres: no sobre qué ocurrirá; quiere saber si nosotros somos los guías adecuados para la aventura ya sea esta por arenas movedizas, un campo de amapolas o un camino de baldosas amarillas.

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