El problema de Rowan Atkinson, la barriga de Bender y una caja de herramientas

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Las cosas de la vida

Cuando era niño, cada año, días antes de la Feria de Abril de Sevilla, mis padres recibían un telefonazo: «Tito, pensábamos ir un día a la feria y acercarnos a verte». Mis padres decían: «¿Por qué no os quedáis aquí?» Y los primos se instalaban en el salón. El día de feria era una semana. Llegaban a las tantas chocando con los muebles. Yo planeaba deshacerme de ellos sin dejar evidencias…

Por eso, cuando en una película aparece un personaje que solo quiere que lo dejen en paz, estoy con él. Como Shrek invadido en su pantano por gente, más gente y más gente… Supongo que hasta mis primos se reirán pensando: no me pasa a mí, le toca a otro, le toca a Shrek. Justo por eso funciona la escena del pantano: no porque aparezcan ciento y pico de personajes de cuentos de hadas, sino por la incomodidad que crean.

Esto es una prueba de que los escenarios de la comedia pueden ser fantásticos, tanto como los personajes que los habitan (elfos, hormigas o habitantes de Plutón), pero lo que ocurre en esos escenarios debe recordarnos los problemas de la vida misma.

En Aterriza como puedas, los pilotos y pasajeros de un avión se intoxican con comida y el aparato corre peligro de estrellarse. En Del revés, la destrucción de los recuerdos felices es el derrumbe de una ciudad por una catástrofe. (Una traslación de la idea de que, cuando la tristeza se apodera de nosotros, nos sentimos hundidos). Y no olvidemos que los personajes-emociones de Del revés nos recuerdan a personas que parecen dirigidas por una única emoción: la que ama la vida, la que todo la pone triste, la que dice «qué asco me da todo», la que tiene miedo de todo y la que sube reels para quejarse de esto o aquello. No es raro que pensemos: tal emoción se parece a… Porque los personajes pueden ser absurdos, pero como se comportan, no.

Los personajes absurdos

Hay guionistas que crean personajes estrambóticos, pero cuando escriben cómo se mueven en una escena o cómo hablan, se percatan de que no funcionan. Lo raro puede llamarnos la atención, e incluso sacarnos una sonrisa, pero no basta para mantener una trama.

Pensemos en Bender, de Futurama. Es un robot que saca artilugios imposibles de una barriga de hojalata, pero reconocemos en él defectos humanos, demasiado humanos: es egoísta, hedonista, perezoso e irascible. Esas emociones humanas lo hacen creíble y dan pie a crear situaciones cómicas. No que saque una cerveza de la barriga, sino que considere que esa cerveza y otras muchas más, le ayudarán a eludir un problema: «Demasiado temprano para pensar».

Bender también nos ayuda a comprender que los personajes deben mantenerse coherentes en todo momento. No quiero decir con esto que no caigan en contradicciones, sino que el núcleo de su personalidad no varía para hacer la gracia. Bender siempre será Bender. Podrá traicionarte por dinero. Y luego arrepentirse.

La coherencia de los personajes es también la clave de películas como Aterriza como puedas. El médico mantiene la cama en todo momento, con una profesionalidad, mientras dice barbaridades o hace una operación en el pasillo del avión. El piloto de guerra sufre un miedo paralizante. El comandante en tierra actúa como se espera de él: calmado, competente.

Los 40 años de ¿Y dónde está el piloto?
Leslie Nielsen y Julie Hagerty (atrás) en Aterriza como puedas. Imagen de Paramount Pictures

La jerga profesional, técnica y científica

En la vida también están las matemáticas y dan origen a chistes como este: «¿Qué le dice un vector a otro…? ¿Tienes un momento?» Tras una consulta en Google, entiendo que «momento» es un concepto matemático, y el autor juega con el doble significado de la palabra. Pero sigue sin tener gracia para mí porque no hay efecto inmediato. Esto es importante: la trama que planteas, el diálogo o el chiste debe ser reconocible por tu público. (Es verdad que hay personas que pillan el chiste tarde, pero no tras consultarlo, tras rumiarlo unos segundos).

Eso no significa que por fuerza debamos prescindir de jerga científica o técnica para hacer humor. Eduardo Mendoza nos ilumina con este fragmento de Sin noticias de Gurb:

DÍA 9

00.01 (hora local) Aterrizaje efectuado sin dificultad. Propulsión convencional (ampliada). Velocidad de aterrizaje: 6.30 de la escala convencional (restringida). Velocidad en el momento del amaraje: 4 de la escala Bajo-U 1 0 9 de la escala Molina-Calvo. Cubicaje: AZ-0.3. Lugar de aterrizaje: 63 (IIẞ) 28476394783639473937492749. Denominación local del lugar de aterrizaje: Sardanyola.

Ahí está la realidad sacándonos una sonrisa: «Sardanyola». Tras esa avalancha de cifras y palabros, un topónimo que, aunque no lo conozcamos, suena cotidiano, entrañable. Y aquí hay otra cosa importante: Mendoza podría haber escogido «Manhattan» o «Berlín», que también son ciudades conocidas, pero nos acercaría más a la ciencia ficción que al humor. «Sardanyola» está a la vuelta de la esquina.

Cuando los problemas de la vida no tienen gracia

Mel Brooks dijo: «La tragedia es cuando me corto el dedo. La comedia es cuando tú te caes en una alcantarilla abierta y mueres». Más o menos. Hay un límite en el que el drama ajeno no es gracioso.

Rowan Atkinson en Mr. Bean nos hace reír porque siembra el caos con la despreocupación de quien sabe que, pase lo que pase, todo seguirá más o menos igual. Cuando rompe algo se escurre con la sonrisa de un niño travieso. Rowan Atkinson en Hombre contra la abeja, en cambio, ya no es Mr. Bean. Es un hombre divorciado, sin empleo y tiene un hijo a quien no quiere decepcionar. Cuando consigue un empleo y crea el caos, nos cuesta reír. No porque los gags sean distintos, sino porque el personaje ya no puede permitirse romper nada, porque hacerlo significa perder a su hijo. En Hombre contra abeja Atkinson ya no muestra una sonrisa pilla: le duele romper cosas. Y no puede arreglarlas ni sustituirlas. Esto explica por qué Hombre contra la abeja es muy poco conocida. De aquí sacamos esto: la actitud o resolución del personaje ante el drama puede marcar la diferencia entre la comedia y la tragedia.

Por eso nos reímos con los protagonistas de Full Monty porque, aunque están en el paro, cansados de mentir a sus familias, y aún pueden perder más, están construyendo algo: un espectáculo. El guion es inteligente porque no añade más drama. Solo complicaciones entre ellos. La historia se centra en la vitalidad de los obreros. Eso los salva… y nos contagia.

¿Acaso no es posible hacer humor con personajes que van cayendo? Es posible si los personajes no son del todo conscientes de la situación. Schitt’s Creek es un ejemplo: vemos cómo una familia ricachona y cursi lo pierde casi todo, y acaba en un motel de carretera de mala muerte. Van cuesta abajo, pero nos reímos porque esta gente vive horrorizada porque solo tienen una ducha o no pueden permitirse productos gourmets. En ningún momento temen acabar viviendo de los servicios sociales.

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La caja de herramientas

Si estás desarrollando una comedia o tienes un borrador en que estás atascado, te propongo unas cuestiones que a mí me funcionan:

  1. ¿Tienen mis personajes problemas mundanos? Escribe una lista de cinco o seis puntos. Añade situaciones, momentos y personas que hacen que tu día a día sea cuanto menos, molesto. Ahí tienes lo que puede molestar o amargar la vida a tu personaje si lo llevas al extremo.
  2. El choque de realidades: ¿Es un ser fantástico invadiendo nuestra realidad? ¿Una persona que sale de comodidad? Escribe tres o cuatro situaciones que tu personaje no comprende o no puede aceptar. Para un robot, una batidora es un mondadientes o un influencer se niega a viajar a zonas sin cobertura.
  3. Conflictos que van de viaje: Si tus personajes forman un grupo, añade conflictos entre ellos. Si van de vacaciones o huyen de zombis, esos conflictos irán con ellos: «nunca confías en mí», «deja de comportarte como un idiota», «qué aburrido eres».
  4. Cuidado con el drama: ¿Tiene tu historia una carga dramática que puede ahogar la comedia? Quizás tu historia lo demanda, pero si lo que quieres es que prevalezca la comedia, repara en la actitud del personaje. Eso lo cambia todo.

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