Por qué el cine ya no nos habla (4 de 4)
Con este artículo cierro la saga Por qué el cine ya no nos habla, en la que exploro el desafecto que gran parte del público siente por el cine.
En noviembre del año pasado, siendo evaluador de pitches en una actividad paralela del Festival de Cine Europeo de Sevilla, hablé con jóvenes guionistas y comprobé que ese desafecto alcanza a personas de distintas edades. Es a lo que nos ha conducido tanto el cine concebido tanto como mero espectáculo como autorial, donde los gestos de los personajes están calculados más que sentidos porque el director prefiere resaltar el tema a ser testigo de la vida. (Por cierto, aquellos pitches me entusiasmaron y espero que haya productores que saquen las propuestas adelante).
Considero que esta entrada es el cierre adecuado tras plantear en los anteriores artículos El desafecto del público con el cine, Cómo crear personajes icónicos, y Cómo emplear las técnicas de Rod Serling para escribir.
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Más de un pitch y más de un dosier comienzan con las mismas frases: «¿Qué pasaría si…?», «esta es una película necesaria», «se trata de un tema importante, del que todos hablan» o incluso «se trata de un tema importante del que nadie está hablando, pero está ahí…».
Esos ganchos están gastados. Directores y actores los sueltan cuando promocionan su última película. Pero cuando las dicen, la película ya existe. Esos directores no buscan financiación ni gustar a un jurado que concede ayudas de guion.
En el caso de los pitches o los dosieres, a veces estas frases anuncian un problema. Unas líneas después, la premisa fantástica, la cuestión necesaria o el tema importante no se sostiene. Lo sé porque me ha pasado con una comedia que desarrollo. Mi idea partió de unir dos acontecimientos que coincidieron en un feed de redes sociales. Durante los primeros meses avancé rápido acumulando ocurrencias: y ahora pasa esto, y esto, y esto otro. No es un mal método para sacar adelante un primer borrador. No conviene detener el flujo que sale de la cabeza.
El problema llegó después. Cuando ese flujo cesó y releí el material, me di cuenta de que algo faltaba. No estaba mi alma. Y eso es importante en este guion.
No importa, o no tanto, que el alma del guionista esté en una parodia como Aterriza como puedas; aquí cuenta la burla de aquello que suena falsamente dramático, golpear los clichés del género. Tampoco importa tanto que el alma del guionista asome en una película que buscamos para pasar el rato con Coca-Cola y pizza, llena de velocidad, tiros y peleas. Lo que queremos es que el héroe salve el mundo.
El alma es lo que permite que una historia atascada en la ocurrencia avance por el dolor del personaje. No el dolor de su cuerpo, sino el dolor que supone vivir. Y lo que se hace para escapar de él.
No es que el personaje haga un pastel para una comida entre amigos; es que lo hace porque quiere sentirse valorado, admirado. Por eso, si alguien dice que el pastel está seco o da consejos «para hacerlo mejor», cuanto menos crea una molestia, pero puede llevar a un personaje a llorar cuando nadie lo ve porque siente que no encaja o que nada de lo que hace parece bueno… al menos para quien hizo el comentario.
Si queremos que una historia hable a la gente, hay que tratar a los personajes como individuos con problemas propios no como representantes de un determinado nicho. ¿Acaso es necesario ser obrero inglés para sentir la desolación y la confusión de los protagonistas de Full Monty? ¿Acaso hay ama de casa de la América profunda para sentir el acoso de la policía de Texas en Thelma y Louise?
Un ejemplo más reciente es el Joker de Joaquin Phoenix. ¿Qué nicho representa este Joker? ¿Aspirantes a payaso, personas con trastornos mentales, incels, desheredados del sistema, nihilistas? A ninguno. Es un personaje con problemas compartidos por buena parte del público: soledad, angustia ante el futuro, ira contra los ricos.
Trabajar desde el dolor o su evitación es lo que permite a Taylor Swift conectar con millones de mujeres de distintas edades. Habla de miedo, deseo, humillación, rabia. Habla de momentos. No de temas.
¿Qué momentos nos ha dado el cine contemporáneo, más allá de los que sobreviven en forma de meme? ¿Qué momentos están dejando las series cinematográficas más actuales?
Rod Serling no hablaba de racismo, fascismo o paranoia nuclear. Hablaba de personas atrapadas en situaciones que dolían. El racismo, el fascismo o la paranoia nuclear eran el marco.
Mira tu dolor. Mira cómo llevarlo a tus personajes. Espera que te hablen. Cierra los ojos. Te hablan.
Por qué el cine no nos habla
1 El desafecto del público con el cine
