La receta de Los Simpson: la realidad flexible

La realidad flexible solo tiene una regla: la realidad tiene que amoldarse al argumento.

Si el guion necesita que Homer Simpson sea astronauta o conductor de monorail, lo será en una o dos semanas de realidad (condensadas en uno o dos minutos de ficción).

La realidad flexible

La receta de Los Simpson: la realidad flexible

Antes que Los Simpson, la realidad flexible funcionaba en producciones como Aterriza como puedas (1980) o Top Secret (1984). Matt Groening supo adaptar el mecanismo a la televisión.

David Mirkin —creador de Búscate la vida— entró Los Simpson y llevó la realidad flexible hasta límites extremos. Mirkin es el verdadero apóstol del mecanismo. Dice a nomeanerplace.com:

«Homer tiene una inteligencia flexible que sube y baja mucho dependiendo de su estado de ánimo, dependiendo de la situación, dependiendo de con quién interactúe».

Además, según Mirkin puedes pasar tres minutos o dos minutos o un minuto en un universo que tiene un conjunto de reglas y luego, de repente, vuelves a la vida normal con sus propias reglas.

Los argumentos

La realidad flexible propicia argumentos como Homer astronauta, conductor de monorraíl, alcalde de Springfield o productor de Mel Gibson. También, que Marge se haga millonaria en un capítulo montando gimnasios Curve y al siguiente sea ama de casa, novelista de best seller, ventrílocua, consejera de la iglesia o vendedora de drogas. Muchas de las profesiones desarrolladas por Marge y Homer demandan años de preparación antes del ejercicio.

La realidad flexible permite que Bart y Lisa tengan empleos de adultos, viajen dentro y fuera de Estados Unidos sin tutela y estén en casa a la hora de cenar o que Maggie sea una experta francotiradora.

La receta de Los Simpson: la realidad flexible
Homer, artista conceptual

Los espacios

La realidad flexible altera los espacios y la geografía: el badulaque, el bar de Moe y otras localizaciones están a la distancia que requiera el drama o el chiste.

En el episodio Homer, el grande (6×12), no rechazamos que el aparcamiento de la central nuclear esté detrás del patio de Los Simpsons EN ESTE EPISODIO.

Argumentos y chistes funcionan porque el público tiene ideas preconcebidas sobre los espacios y la realidad (lo que es posible y lo que no). El humor rompe los esquemas.

Realidades sin consecuencias

La realidad flexible propicia chistes encerrados en un plano: el señor Topo muere en cada episodio; si Homer menciona la conspiración del colesterol, descubre un huevo con patas que le observa tras una esquina o el Sr. Burns tiene una legión de monos escritores. Son chistes que funcionan con la premisa de los dos grados de irrealidad.

¿Dónde está el límite de la realidad flexible?

Los personajes no pueden cambiar.

Si las características de los personajes cambiaran entre escenas, el público perdería una referencia. Dicho de otro modo, la gracia está en ver cómo el Homer que todos conocemos es astronauta o bombero o conductor de grúa.

Los personajes deben ser fieles a ellos mismos en todo momento y todos los espacios.


Entrada original publicada por Javier Meléndez Martín en Yorokobu.

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