Escribir sin esperanza ni desesperación

Encuentro en Facebook una foto de la hormiga arrastrando una palomita de maíz. La autora, mi cuñada, escribe:

«Jajaja. La hormiga se lleva la palomita gigante y Belén la sigue para averiguar dónde está el hormiguero».

Belén tiene ocho años y medio. Era la hora de los juegos. ¿Cuántas personas habría en el patio?

En cualquier momento, alguien podría haber aplastado a la hormiga o peor aún, apropiarse de la palomita a las puertas del hormiguero. Pero es probable que la hormiga no se planteara ninguna catástrofe. Simplemente, encontró la palomita de maíz y la empujó sin reparar en los gigantes.

La hormiga me recuerda una frase de Isak Dinesen:

«Yo escribo cada día, sin esperanza ni desesperación».

Quiero suponer que llegó al hormiguero con su carga. Descansó un segundo y volvió al patio atestado de gente para buscar una cáscara de pipa o un trozo de patata frita. Y en ningún momento se detuvo a pensar en las desazones del ayer ni en los sueños y angustias del mañana: hizo lo que tenía que hacer sin esperanza ni desesperación.

(Primera publicación: 3 de marzo de 2014)

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