Rechaza la lógica, elige el sueño

Una película es un sueño. No debes sacar del sueño a los espectadores hasta el THE END.

Philip G. Epstein y Julius J. Epstein guionistas de Casablanca y Arsénico por compasión

Crecen los artículos dedicados a destacar los fallos de las películas y las series. Fallos de continuidad en películas muy conocidas. Películas que, se supone, por presupuesto o prestigio o porque trabajaron en ella miles técnicos, no pueden permitirse que un personaje tenga tirantes en un plano y en el siguiente no los tenga.

Ahora que cualquiera puede capturar los fotogramas es fácil destacar estos lapsus que no afectan a la trama. No son fallos graves de guion, como venden los artículos de revistas especializadas o comentarios en las redes sociales.

Cuando no son fallos de racord, son cuestiones que apelan a lo que es posible o no. Pero cada historia crea su lógica.

Seamos lógicos: si se quiere analizarlo todo y construirlo todo en términos de plausibilidad y de verosimilitud, ningún guion de ficción resistiría este análisis y sólo se podría hacer una cosa: documentales.

Alfred Hitchcock en El cine según Hitchcock. Francois Truffaut.

LO INTERESANTE es que millones de espectadores, algunos profesionales del medio y críticos de la prensa no repararon o no quisieron hacerlo en los errores de la mega producción galardonada con Globos de Oro y Oscars. Se dejaron atrapar por la historia; no mencionaron que X tenía un sombrero hongo en un plano y en otro una gorra de béisbol. ¿Cómo es posible?

El cine que emociona tiene la naturaleza de los sueños. No me canso de decirlo. Sí, la tiene. Como en los sueños, aceptamos las incongruencias, queremos ser atrapados por las historias.

¿Cómo conseguimos que el público no despierte del sueño?

Esa es nuestra función como guionistas: atrapar a quien lee la historia en palabras. Lo conseguiremos si:

  • Palabras VISUALES en lugar de abstractas.
  • Enlazamos con brío cada escena sin matar el tono en el cierre.
  • Si en la historia hay un mundo por explorar, una cuestión por resolver o una meta por alcanzar (encontrar algo o alguien).

Si está todo eso, el público está dispuesto a dejarse guiar, quiere saber cómo acaba todo. Por esto, más importante que aspirar a la realidad, es querer emocionar, asombrar.

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